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Coco Mártin ( Lima, 1965 )
www.cocomartin.com

Arquitecto graduado en 1988. Primer puesto en Kodak Interamericana (1989). Realiza fotografía publicitaria y editorial desde 1991 en su estudio independiente. Ha publicado en diversas revistas de arquitectura, decoración, modas y catalogos. 

En 1994 exhibe su primera individual “Piel sobre papeles” en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa. Sus principales exhibiciones colectivas son : 

“La traición de la imágenes” Sala Luis Miró Quesada Garland, Municipalidad de Miraflores ( 1997 ); Primera Bienal de Fotografía de Puerto Rico (1998); "Máximo 40" Galeria Praxis, Lima ( 2002 ); V Bienal de Fotografia Quito -Ecuador, Sala de la Fundacion Kingman ( 2001 ); FOTO VISION : Club Empresarial  / Galeria ARTCO (2002); MUROS DE LA CIUDAD , Galeria ARTCO ( 2002);  “Perú: Fotografía Actual” , fotógrafo invitado por la Embajada del Perú en El Salvador (1997); “Fotografía sobre soporte libre” Instituto Cultural Peruano Japonés ( 1996 ); “Autorretratos” Galería del Banco de Comercio ( 1996); “A su imagen y Semejanza” Galería Parafernalia ( 1994 ); “Nuevas Visiones” IAF / ( 1993 ), entre otras. 

En 1997 obtiene el segundo premio en el Concurso “ Tierra de Todos : El Agua “, Galería John Harriman y una mención honrosa en el concurso “Lima: Centro Histórico”, (1994) Museo de Arte de Lima. Realiza cursos de Foto Periodismo en la Casa de las Américas de La Habana - Cuba en 1996. Desde 1995 hasta el 2003 dirijió los talleres libres de fotografía en la Escuela de Arte Corriente Alterna en Lima. Desde el año 2000, es fundador del colectivo Openphotoperu.com. El 2003 emigra a vivir a en Nueva York y hasta la fecha ha tenido dos exhibiciones individuales y ha recibido un Grant del Consejo de Artes de Staten Island. Publica en diferentes revistas latinoamericanas.

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El nuestro es un país de fotógrafos destacados, a tal grado, que estoy convencido que los mayores logros obtenidos en materia de arte desde la década anterior se han dado en el campo de la fotografía. Lo valioso de ellos es que aparte del rigor técnico y conceptual existe una pluralidad de caminos que termina por enriquecer el panorama artístico del Perú.

Es aquí donde se inserta la obra de Coco Mártin, un fotógrafo silencioso cuya bipersonal en la Municipalidad de Miraflores permitiera apreciar sus intenciones a través de la investigación y la búsqueda de nuevos soportes, trasladando la imagen a la escultura y al objeto, ha transgredido fronteras, en una vocacion interdisciplinaria totalmente lograda.
Para el Salón regional de lima, Coco Mártin presentó una obra seriada, un conjunto de fotografías en la que trabaja tres niveles claramente esclarecidos: el piso, la pared y el cielo. Al igual que en sus anteriores exposiciones hay un fuerte contenido pictórico, que pudiera rememorar a maestros de la fotografía del siglo XX, solo que a Mártin no le interesa el expresionismo abstracto y su estética se orienta mas hacia el realismo, porque él pone el color y las texturas visuales a disposición de la nostálgica representación del recuerdo de un niño de 7 años. Por eso, los sepias de calles y paredes, los atardeceres de un color solo posible a través de ojos infantiles.
Nos encontramos entonces frente a una obra lúdica y compleja, cuya belleza es inmediata, pero cuya lectura exige que el espectador se replantee estereotipos para poder acceder a la propuesta de un hombre preocupado por la belleza y la poesía de la imagen.
Desde este punto de vista, en un ambiente acostumbrado a desgarramientos, la obra de Mátin sigue un camino aislado y personal. Que la ternura pueda confundirse con ingenuidad, bienvenido sea. Esto es la ventaja de aquellos que han aprendido a ver a través de los ojos de animación.

Luis Lama

Cuestión de Piel
En los últimos tiempos, Jorge Mártin se ha ido retirando hacia atmósferas cada vez mas enrarecidas o, si se quiere, espacios mas alejados, desde donde se sabe capaz de atraer para su fotografía una mirada reencontrada.
Se trata de una experimentación no realizada en el laboratorio sino, mas bien, por maquinación imaginativa, por logística de composición, por mecánica de encuadre y por diseño de representación. La elección técnica de positivar negativos de película blanco y negro en papel para fotografía en color es perfectamente consecuente con el proceso emprendido.
Los registros que este grupo de imágenes recientes asimila son varios. La obliteración y el camuflaje para sembrar la duda acerca de la presencia real en la imagen; la literalidad subvertida mediante el maquillaje y la puesta en escena; y la seducción visual a flor de piel y cuerpo - desnudos como en cierta fotografía de modas- coexisten pacíficamente sin disputarse primacía en la discriminación del espectador. Es mas, parecen apoyarse mutuamente, como en una trama de referencias cruzadas, de manera que lo que en algún momento es percibido como limite resulta no estar delimitando nada al instante siguiente.

Las fotografías de Mártin son imágenes fijas de las fantasías que pasan en continuado al interior de una caja de tiempo controlado, que podría ser la imaginación martillada por algún trance obsesivo. Los mismos climas se suceden sin tregua al interior de esta representación de una mente acalorada, convirtiendo a la percepción de los otros en un querrán agujereado por la temperatura acumulada de proyecciones, sobreimpresiones, fragmentaciones, revestimientos, posicionamientos, mascaras y tamices.

Algo queda, como impresión retiniana de esta linterna mágica, que remite visualmente a un mundo clásico, de proporciones áureas, de alegorías. Pero nada se eleva en lamento de su pérdida, como si todo el atractivo y fervor respondiera únicamente a sus restos descartables; como si el ingreso y salida de una sensibilidad en u registro valieran por la piel generad, que, finalmente queda desechada -como piel de serpiente- en el proceso.
La ilusión visual también se desdobla en ilusión táctil creada por la apariencia. Un brevisimo estremecimiento erótico surca como onda solitaria en el campo de la mirada en mas de una ocasión, imprimiéndose en la piel, que lo irradia por contacto con naturalezas varias: un fragmento cerámico, un papel, un ají, una flor seca.

Y es así que el espectáculo lujurioso, propio de un enorme teatro de ilusiones, se ve contenido aquí dentro de los confines de un proscenio para representaciones de cámara

Jorge Villacorta



 

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