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Juan Carlos Belon Lemoine ( Arequipa, Peru )
Actualmente vive y trabaja en Marsella, Francia.

EL PAISAJE DEL TIEMPO

”La exposición que presento es sobre uno de los temas recurrentes en mi trabajo fotográfico, el del envejecimiento, el deterioro, la alteración. He focalizado en la premisa que la dinámica del tiempo sobre la materia es el motor de la vida. El objetivo es explorar como una imagen constituída sobre material sensible no atrapa el instante deteniéndolo, arrancándolo de la vida, sino que, lentamente, empieza un proceso de transformación física que afecta sus valores de significado y su alcance. El énfasis esta en que dicha evolución registra un rango sutil del proceso vital que culmina en el declive y desaparición. He constituído este conjunto de fotografías a partir de mi propio archivo donde se incluyen imagenes alteradas por la acción y agresión del tiempo; imagenes de mi propia persona que he ido dejando como una serpiente deja su piel. 

Simultáneamente he indagado en el entorno, las ciudades; en la alteración producida por la manipulación sobre los elementos fotograficos. Eso me condujo inevitablemente a enfrentar la radicalidad de lo que ya desapareció y que solo tiene ya una existencia fotográfica. El procedimiento incluye ampliaciones de negativos contemporaneos sobre papel degradado por los elementos naturales; negativos afectados por el polvo, rayaduras, o negativos afectados por un apresurado trabajo con el fijador. Todos los elementos que intervienen en la producion de una fotografia sufren, como los seres vivos, los limites de su condición, de su intrínseca mortalidad."

Juan Carlos. Belon Lemoine, Marsella 2001 

"El tiempo, ese artista"

...y de tus años juveniles veo
la hermosura sin par
que se marchita por delirio cruel.
Suerte traidora
aquello ver ayer,
ver ésto ahora! 
Hamlet

En no sé qué novela Philip Roth decía que el tiempo es un tatuador. Va marcando el rostro con un cincel. Manipula formas concisas y consigue una configuración cargada de símbolos. Las formas del principio -de la juventud- son lisas, limpias, transparentes. El tiempo se encarga de deformar, de arrugar, de maltratar, de escribir.
Woody Allen se preguntaba si los recuerdos son algo que tenemos o algo que perdimos. Y cuando uno alcanza cierta edad y se dispone a enfilar por una ruta atiborrada de contenido -cuadernos, cachivaches, amores encendidos, carros gastados, risas, vasos volcados, noches en blanco- no se sabe si eso que se lleva es un tesoro o una carga. 
Y es que a veces parece que un adulto sólo tiene dos edades en la vida. La primera a los veinte, cuando lo real y lo posible se confunden. La segunda a los cincuenta, cuando lo real se alza nítido e implacable. Como un libro trajinado, como una casa muchas veces habitada, como la expresión pasmada de un rostro en la foto de un álbum reencontrado.
Pero centrar el foco en lo que ha pasado, en aquello que nos muestra la posibilidad en una perspectiva mucho más grave, más onda; es una manera de ver lo que podemos ser por lo que fuimos y lo que no fuimos. Es la manera de ver lo que somos. 

Oswaldo Chanove

 

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